PAROXISMO DE REFLEXIONES 1ERA TEMPORADA-2.- PENSANDO: “MI DIOS”

MOMENTO 1: EXPRESIÓN COTIDIANA

Cuando hablamos de “mi Dios”, o el común “Dios mío”, realmente no creo que le demos mucha importancia a esta expresión, pues es obvio que en la cotidianidad se pueden utilizar frases que para nosotros tendrían el mismo valor conversacional que el “Dios mío”. Si esto es usar el nombre de Dios en vano, realmente no lo sé (es bien probable que sí), pero hay peores formas en que se puede utilizar Su nombre en vano (Éxodo 20:7).

Pero entre cristianos, en la congregación, en nuestras alabanzas, oraciones o conversaciones “serias”, metemos debes en cuando el clásico Dios mío. La pregunta aquí sería quién es tú Dios para ti. O dicho de otra forma, ¿qué dirías para definir a tú Dios? Y al contestar esto, no te saques de la manga versos bíblicos, o sea sí, pero más allá de la teoría, quién es Dios en tú vida personal. Al contestarte esa pregunta sucederán dos cosas, o sencillamente no sabrás contestarla por una falta de intimidad con Dios, o simplemente ya no verás esta expresión como antes.

Los hombres de Dios, si es posible mencionar algo más dentro del marco teórico, mencionaban mucho esta expresión, y lo hacían de cierta forma expresando que esta Divinidad que se les había revelado de forma particular, era Aquél que los sostenía en todas las cosas y por lo tanto a quien necesitaban (Isaías 25:1, Salmo 63:1, 42,11, 16:2 ). De este punto también podríamos preguntarnos ¿es Dios tu Dios?

MOMENTO 2: CONNOTACIONES

Las connotaciones que conlleva la expresión “Dios mío” son muchas. Sin embargo cabe recalcar que “tu Dios” es aquella persona, o cosa en su defecto, a la que le entregas todo lo que eres y la extensión de ello, es decir, lo que haces, dices, posees, entre otras cosas. Eso desde un punto de vista subjetivo.

En un punto de vista objetivo, si razonas el tema, tú Dios será aquel ser o aquella cosa que tú consideras que puede sostener tu existencia, pues después de todo sería la causa de ella; además sería aquello que tú consideres que es inamovible ante tus fallas, tus limitaciones, tus problemas y demás, es decir, algo que se sostiene por cuenta propia y no necesita de ti. Y volveríamos a la cuestión: ¿tu Dios es Dios? (Deuteronomio 7:9)

MOMENTO 3: TU DIOS

Ahora bien, como humanos y creyentes imperfectos, podríamos quedarnos varados en las preguntas anteriormente mencionadas pero, en tanto que somos cristianos, buscamos que Dios sea Dios, o sea, que Dios ocupe el lugar de Dios en nuestra vida. En tanto eso se vuelve una realidad plena en nuestras vidas, en el proceso vamos asimilando y comprendiendo de manera práctica la forma en que Dios desea revelarse a nuestras vidas, porque no tenemos que esperar que Dios trate con nosotros de la misma manera que trata con el otro hno. (Juan 17:6-8, 26)

Y ahí es donde resulta fascinante definir quién es Dios para ti, porque el aspecto que Dios te ha revelado de Sí mismo es lo que tú vas a dar a conocer a tus hermanos, familiares y al mundo en general (Sofonías 3:17, Salmo 73:25-26) En un sentido no esperes que Dios se te revele directamente en su totalidad, que si bien Su deseo es revelarse a ti en Su totalidad, no lo va a hacer directamente, pues necesitaras de la revelación de tu hermano para conocer la totalidad de Su naturaleza, y esa es una de muchas razones de la importancia de la hermandad (1 Corintios 2:10). Pero recuerda que jamás podrás definir vívidamente quién es tu Dios si no le conoces primero.

MOMENTO 4: NUESTRO DIOS

Y así es como pasamos del Dios individual al Dios colectivo. Esto es importante y muy trascendental porque realmente es en este aspecto donde debe de haber un equilibrio. El Dios de la congregación no puede sustituir al Dios individual y viceversa; pero ambas visiones son inherentes. Tú no eres el cuerpo de Cristo en solitario, necesitas a todos los demás para configurar enteramente al cuerpo de Cristo, necesitas a los demás para una representación plena de Cristo en la Tierra, para tener una visión completa de quién es nuestro Dios. Todo fundamentado en la vivencia de la palabra, siempre fundamentado en la palabra. Y no podremos participar de esta “representación” si no tenemos una experiencia personal con Dios. Que llegue el momento en que, en alabanza, podamos decir “Este es nuestro Dios” (1 Samuel 2:2, Efesios 4:12).

 

Erick Gamaliel Hdez. Aguirre