PAROXISMO DE REFLEXIONES 1ERA TEMPORADA- 5.- EL PROBLEMA DEL PECADO CON RESPECTO A DIOS

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MOMENTO 1 EL PECADO NOS APARTA DE DIOS

¿Cuál es nuestro parámetro para decir qué es bueno y qué no moralmente hablando? En el caso del creyente no hay otro punto de partida más que Dios, y partiendo de ahí, todo lo bueno lo es por ser parte de los atributos de Dios, y todo aquello que es malo, lo cual básicamente el cristianismo denomina pecado, lo es por su desapego de la naturaleza de Dios. Ahora bien, una de las consecuencias básicas del pecado es que nos aparta de Dios (Romanos 3:23), pero no solamente nos aparta como esta analogía del hombre que tiene una casa limpia y no permite que ninguna persona sucia entre en ella, sino que la misma naturaleza de pecado provoca en nosotros una repulsión a Dios. Si continuáramos con la analogía anterior, no se trataría solamente de que el hombre de la casa impecable no permita entrar al hombre sucio, sino que tendríamos que añadir que el hombre sucio no entraría en la casa limpia porque tanta limpieza irritaría a su naturaleza de suciedad (Romanos 5:12).

El pecado nos aparta de Dios porque nos aparta de Su naturaleza, de Su esencia misma, y porque nos hace detestar todo aquello que vaya en contra de nuestra corrupta naturaleza. El pecado es aquel placer barato que puede darnos la sensación de satisfacer alguna necesidad, pero que en realidad solo merma más al ser. Es como la alimentación: nos da hambre y la “satisfacemos” con cualquier clase de comida, pero la sensación de hambre tiene como propósito que el organismo se alimente y nutra verdaderamente su cuerpo. Pero como lo verdadero, lo que puede ciertamente satisfacer se encuentra solo con esfuerzo y con paciencia, optamos por lo fácil, por lo genérico y esto es, sobre todo en el ámbito moral, el pecado (Génesis 4:7, Deuteronomio 9:16).

 

MOMENTO 2 DIOS RECONCILIÁNDOSE CON EL HOMBRE

El hombre, además de ciertamente no poder reconciliarse, volver a unirse (curiosamente religión significa volver a unir), renovar su relación con su creador, ni siquiera lo intentó. La mayoría de las ocasiones en que, aparentemente buscó el hombre reconciliarse con Dios, su incentivo era mera conveniencia.

El Dios bíblico busca constantemente revelarse a los hombres, pero más que revelarse, busca así mismo reconciliarse con ellos (Romanos 5:20). Esto, en esencia es que el agredido busque reconciliarse con el agresor (2 Corintios 5:19), y quién de nosotros ha hecho esto en alguna ocasión al menos. Pero más que eso, este Dios promete al hombre regresarlo a su estado original, a su estado de funcionamiento, a su legítimo propósito (Efesios 4:22-24). El hombre podrá ponerse muy posmoderno y relativo para intentar negar a este dios y a su propósito verdadero, pero la realidad es que el hombre lejos de dios, carece de un objetivo verdadero, de un funcionamiento verdadero y de una ontología completa.

 

MOMENTO 3 CAÍDAS Y PECADOS PLACENTEROS

Ahora, una vez siendo convertidos al cristianismo, quienes hayan experimentado esto saben que lo que sigue después de la salvación no es una vida sobre una nube. Hay caídas y también hay momentos en los cuales unos desean abdicar de su fe. Al comienzo uno comienza a lidiar con pecados que nos resultan detestables y con los cuales trabajamos inmediatamente y los vencemos, pero de pronto podemos encontrarnos con esos pecados que nos resultan placenteros y que ciertamente nos resultan agradables y decidimos quedarnos con ellos. Ahí es cuando comienza la verdadera lucha, cuando luchamos en contra de algo que nos gusta y que percibimos que nuestra recompensa a primera vista no es algo tan placentero o deseable como lo que estamos desechando.

El pecado, aun siendo cristianos, si sigue persistiendo en nuestra vida, nos aparta de dios, tal vez no como antes de nuestra conversión, pero si afecta considerablemente nuestra relación con Dios. Añadamos a esto que un pecado puede ser un bache que nos impida continuar creciendo en el camino de Dios (1 Juan 3:4-9). Y sin embargo hay “valientes” que han intentado hacerle frente a sus pecados pero como diría C. S. Lewis “solo aquellos que intentan resistir la tentación saben lo fuerte que es” (C. S. Lewis, Mero Cristianismo, 1942-1944). Es ahí donde comienza el aparente martirio del hombre, el cual incluso el apóstol pablo experimenta cuando expresa: “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24, leer todo el capítulo).

 

MOMENTO 4 DAME

Ahora bien, ante las circunstancias presentadas anteriormente encontramos una solución que va más allá de lastimarse físicamente o una especie de alivio mágico. Por un lado de la balanza Jesús, el cual mora en nosotros cristianos, hace el trabajo de odiar todo lo denominado pecado, todo lo que nos aparte de Dios (Colosenses 1:27-28, Romanos 8:9-11), pero por otra parte nosotros debemos de aceptar el dolor que conlleva morir a nuestros deseos, esto es a lastimar a aquellos a los que creemos que lo merecen, dejar de ver a una mujer con lujuria, dejar de mentir para nuestro beneficio, de permanecer en un vicio ocioso, etc… Pero más que eso, tenemos que poner la mira en lo que esto beneficia a nuestra vida. Cuando dios desea quitarnos algo, es porque dicho algo le está estorbando para poner algo mejor en su lugar, es decir, cuando dios te quita algo es porque desea darte algo mejor, aunque en ocasiones no lo parezca. A veces incluso no nos va a dar algo homologo a lo que nos está quitando, como una persona por otra o un trabajo por uno mejor; pues en ocasiones lo que nos desea dar no es otra cosa sino más de Sí mismo. Para odiar al pecado, el primer paso que tenemos que dar es acercarnos y descubrir la hermosura de aquello de lo cual el pecado nos ha estado alejando (Salmo 96:9, 34:8).

Erick Gamaliel Hernández Aguirre

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