PAROXISMO DE REFLEXIONES: TEMPORADA 1, TEMA 8.- EL TESTIMONIO CRISTIANO

 

MOMENTO 1 CONVERSIÓN

El punto inicial de cualquier creyente es la conversión, es decir, el entregar nuestra vida a Dios, pedirle perdón por nuestras ofensas, y permitir que su redención entre en nuestras vidas, que Él tome el control de nuestros días. Pero este es el comienzo de un camino más. Este punto de partida es el comienzo de nuestro testimonio cristiano, pero a partir de ahí es inherente que experimentemos nuevas cosas. (Hechos 2:38)

Ahora bien, cuando el ser humano descubre algo que le agrada, que le trae una sensación de satisfacción, por consecuente busca cuanto menos compartir a los demás eso que acaba de descubrir. Por lo común no queda completo nuestro placer hasta que compartimos lo recibido. Esto es lo mismo que sucede en el cristianismo, y sin embargo además de ser una inherencia, debe ser una disciplina, una práctica. (Mateo 28:20)

MOMENTO 2 VIVENCIAS

Como anteriormente lo mencionamos, el cristianismo es un camino, un desarrollo en seguimiento, y por lo tanto nuestra conversión es el inicio de “una carrera” (Hebreos 12:1-2). Por lo tanto, nuestro testimonio debe crecer cada día mas, es una consecuencia no de lo que vivimos, sino de lo que estamos viviendo en este momento. Por lo tanto, no debemos descuidar nuestro diario caminar.

Nosotros no podemos compartir aquello que no tenemos, ni invitar a los demás a experimentar algo que en nuestra vida personal no hemos experimentado. Esto no se consigue solamente en nuestro punto de partida, sino en nuestras vivencias generales. En el libro de Josué el pueblo dejaba piedras a lo largo de su camino, específicamente en el Jordán, como un testimonio de la travesía que habían hecho, de modo que cuando desearan regresar, se toparían con un testimonio de la obra que Dios había hecho, y de su fidelidad que, si ellos lo deseaban, volvería a manifestarse en sus jornadas (Josué cap. 4)

El salmista, cuando se encuentra en una situación precaria dice que ante eso recordará los momentos en los cuales Dios había sido fiel (Salmo 42). Un testimonio firme se forja por medio de las vivencias, no solamente por las experiencias espirituales, ni por la manifestación inicial de la redención de Dios. Nuestro testimonio debe estar presente en nuestras vivencias porque aquello que vimos y oímos debe impactarnos en lo consecuente en nuestras vidas (1 Juan 1:1-4).

MOMENTO 3 CARTAS ABIERTAS

El concepto de cartas abiertas, usado por el Apóstol Pablo (2 Corintios 3:2-3), es una analogía de que en nuestras vidas se está escribiendo un mensaje, un significado, y que nuestros actos son aquellos que dan a conocer dicho mensaje. El testimonio cristiano no se subleva a la mera idea de la conducta del cristiano, sino que va más allá. El testimonio cristiano no es otra cosa que aquello que Dios escribe en nuestros corazones, todas las cosas que han estado influyendo en nuestra vida cristiana. Nuestra conducta es una consecuencia del testimonio que hemos recibido, y no el testimonio en sí, aunque cabe destacar que nuestro testimonio se da a conocer mayormente por lo que hacemos, lo cual es visible a todos aquellos con los que convivimos diariamente, que con lo que decimos.

Esta analogía también pone de manifiesto que sobre nosotros, como hojas, puede ser escrito algo nuevo y borrado algo que no es deseable. Pero Dios no es el único que puede marcar sobre nosotros algún mensaje, las situaciones también pueden, y lo consiguen muchas veces para mal. El punto cumbre de esto es retener únicamente lo bueno que recibimos.

 

MOMENTO 4 GUARDAR EL TESTIMONIO

Cuando recibimos nuestro testimonio, también recibimos el mandamiento de guardarlo (Salmo 119:2). Guardar nuestro testimonio no significa cuidar la forma en que nos comportamos pues, como ya hemos visto, el comportamiento es una consecuencia del testimonio que hemos recibido, y no el testimonio en sí. La palabra guardar, que en hebreo se escribe shamar, significa, entre otras cosas, cuidar. También puede traducirse como observar, preservar, ejercer, etc… Si lo colocamos en esos términos, guardar nuestro testimonio también significa, preservar nuestro testimonio, cuidar nuestro testimonio, observar nuestro testimonio, ejercer nuestro testimonio.

Específicamente el observar es interesante. Los judíos observaban la ley, es decir, la practicaban, y para ello también utilizaban métodos para recordarla, para tenerla siempre presente. Parte de este mandamiento, de guardar nuestro testimonio puede cumplirse con cualquier herramienta que nos pueda ayudar a mantener siempre constante en nuestra mente la obra que Dios hizo, y que está haciendo en nuestras vidas (Deuteronomio 6:1-9).

 

Erick Gamaliel Hernández Aguirre

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