HABLANDO COMO LOS LOCOS

Yoe Suárez

Sucede que uno guarda en la memoria y entre las anotaciones ciertos datos, cuestionamientos, que por breves no alcanzan para confeccionar un trabajo periodístico de un único tema.

Sin embargo, esos apuntes más o menos interesantes sí son útiles para complementar el conocimiento general sobre la comunidad cristiana en Cuba.

He decidido entonces presentarlos para no quedármelos yo. Lo hago de forma aleatoria y por acápites independientes, sin necesidad de que establezcan nexo alguno entre ellos. Esta vez, literalmente, hablaremos como los locos…

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He leído por ahí que el pentecostalismo arriba a la capital cubana poco antes de los años treinta o a inicios de esa década. El hecho insólito es que hayan sido mujeres quienes pasaran a la historia como las portadoras del mensaje denominacional. Un terreno habitualmente dominado por hombres.

May Kelty y su madre Harriet, ambas norteamericanas, predicaron en la Habana durante dos años, hasta que problemas de salud les impidieron una estancia más prolongada en la flamante república.

Tiempo después Kelty laboró en el sur de los Estados Unidos dentro de ministerios de enseñanza bíblica, hasta que en 1931 retornó a la ciudad de las columnas. Junto a otra fémina, la predicadora danesa Anna Sanders, fundó iglesias en barrios periféricos emergentes como Mantilla y Arroyo Apolo.

Estas misiones son consideradas la célula primigenia de las Asambleas de Dios en la isla. Hoy, una de las denominaciones evangélicas más extendidas.

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Un cristiano de apellido Perrault (vinculado a la obra de las Asambleas de Dios en Cuba) inició probablemente una de las primeras transmisiones radiales cristianas en la mayor de las Antillas.

A partir de 1941, cuatro veces a la semana las buenas nuevas viajarían hasta los radioreceptores habaneros desde el Vedado capitalino.

Lunes, miércoles y viernes a las diez y media de la mañana por onda corta. Los domingos cambiaba el horario y se trasmitía a las ocho de la noche. La voz del aire (como se llamaba el programa) salía desde uno de los altos edificios que hacen esquina en la intersección de 25 y G.

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Dos de las más importantes denominaciones evangélicas que trabajan hoy en Cuba tuvieron sus sedes originales en hoteles. Así ocurrió con la primera iglesia bautista y la Methodist Church.

Cuando el joven universitario Jesús Díaz Navarro llega de los Estados Unidos a la capital, funda en 1882 el primer templo bautista. La antigua hostería Pasaje acogió a unos pocos feligreses.

 

Ocho años más tarde la Congregación Bautista de La Habana abandonó el hotel y mudó su centro a otra edificación citadina: el otrora Circo-Teatro Jané. De modo que los insólitos destinos de la denominación se extendieron durante varios años más.

Por su parte, los metodistas instituyeron una capilla en la urbe casi en fecha similar a los bautistas. Una instalación turística les sirvió como sede: el hoy remozado Hotel Saratoga, frente al Teatro Martí.

Tiempo después, la Methodist Church pasó su templo a la esquina de Virtudes e Industria. Actualmente en ese sitio radica el Seminario de la denominación. El «itinerario» culminó en la década de 1950, cuando un nuevo templo fue construido en El Vedado.

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Si bien las edificaciones católicas resaltan por su fastuosidad y apropiación -en muchos casos- de elementos constructivos y decorativos del Medioevo, las iglesias evangélicas destacan por su diseño moderno y práctico.

En nuestro país son muchos los templos considerados por los especialistas como joyas de la arquitectura. Entre ellos podemos contar la Iglesia Bautista El Calvario, y la Primera Iglesia Presbiteriana-Reformada de Cuba (erigida en el temprano año de 1907).

Ambos inmuebles están incluidos en la lista de las obras arquitectónicas más significativas de la ciudad habanera.

El templo metodista Miguel Soto es otra edificación nombrada dentro del prestigioso directorio. Sito en la esquina de K y 25 en el Vedado, mereció el Premio Anual del Colegio de Arquitectos de Cuba en 1951, un año después de terminadas la obras.

A inicios del presente siglo otra atractiva construcción fue concluida; esta vez en un intrincado paraje cubano. Cerca del Escambray, en el poblado de Miller, se encuentra el campamento metodista de Canaán (el más grande de la nación).

Sin lugar a dudas el atractivo principal del lugar es su imponente templo.

Inaugurado en 2002 con la ayuda de brigadas cristianas provenientes de los Estados Unidos, el moderno edificio está diseñado para facilitar la entrada y salida de los presentes y la circulación total de la brisa campestre.

El inteligente sistema que permite desplegar o replegar las paredes laterales según las variaciones del clima lo requieran, evita a los concurrentes las tortuosas temperaturas habituales del Trópico.

Solo por esto se hace merecedor de un premio a la excelencia.

 

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Leía hace poco un cable que confirmaba que con el último censo los cristianos de Perú conocerían cuántos eran.

Este 2012 la mayor de las Antillas realizó su segundo inventario de población y viviendas del presente siglo. Ninguna pregunta del cuestionario que aplicaron los Numeradores inquirió por profesiones de fe.

Instituciones como el Consejo de Iglesias de Cuba o la Sociedad Bíblica no han logrado calcular cuántos cristianos habitan la Llave del Golfo.

Pudiéramos creer que sacar la cuenta es fácil, pero durante un diálogo con un amigo cercano quedé razonando en torno al tema. Le decía que a diario deben ser cientos los hombres y mujeres que hacen oración de fe en todo el país.

Yo los llamaba «convertidos» indistintamente, pero mi amigo hizo una valiosa acotación: «Convertidos no, “alcanzados”».

Y es que la «conversión» habla de actitudes, del fruto del Espíritu, etc. Es harto conocido que no todos lo que confiesan a Jesús como su Salvador permanecen en el evangelio.

De modo que, separar cristianos fieles de cristianos de ocasión suma una complicada variable al cálculo estadístico.

Lo cierto es que según datos oficiales, hoy por hoy los grupos protestantes en Cuba están integrados por 54 iglesias distintas. Casi la mitad son de corte pentecostal.

Las diferentes denominaciones ostentan en la Isla un conjunto de novecientos templos y otras propiedades como casas pastorales, oficinas, misiones y campamentos.

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Una de las publicaciones evangélicas en activo más antigua de la isla es El Heraldo Cristiano. El primer número data de 1919. De manera que este «mensajero» ha vivido la dictadura de Machado, el batistato, el triunfo revolucionario, la Crisis de los 90, y otros episodios del último siglo cubano.

Desde su establecimiento funge como el órgano oficial de la comunidad presbiteriana en nuestro país.

Aunque está por confirmarse, quizá el medio impreso más vetusto que aún se edite en este caimán antillano, sea El Mensajero. Fundado en 1904, es el órgano oficial de la Convención Bautista Oriental. Brinda información bíblico- teológica para las iglesias de la denominación.

Tres años más tarde salió de las imprentas otra publicación: El Evangelista Cubano, de la Iglesia Metodista.

En los años sesenta del pasado siglo La Iglesia Presbiteriana Reformada comenzó a imprimir tres veces al año el boletín Juprecu (1961); y la revista trimestral Su Voz (1964). El primer título está dirigido a la juventud de la denominación; el segundo aborda temas generales.

1940 fue el año en que vio la luz el boletín bimensual Heraldo Episcopal. Rectorado por la Iglesia Episcopal cubana, es otro de los medios cristianos más antiguos que todavía se mantienen en circulación.

Otras publicaciones, como la revista Hogar, de la Liga Evangélica de Cuba, y el boletín bautista Ágape, se han adherido al Registro Nacional de Publicaciones Seriadas a partir de los años 80.

La tensión que durante décadas definió las relaciones Iglesia-Estado se redujo considerablemente tras 1985, cuando el gobierno cubano reconoció que en la isla preponderaba la discriminación religiosa.

A partir de ahí, y dependiendo de las posibilidades económicas de cada denominación, aumentó el número de revistas y boletines emitidos desde la cristiandad.

TEXTO PUBLICADO ORIGIINALMENTE EN 2012 EN EL LIBRO PASAJES DE LA LUZ, DE YOE SUAREZ, Y REEDITADO EN 2016 POR EDICIONES IBLEC